sábado, 23 de abril de 2022

La ética del Aikido


 

Creo que una actitud de vacuidad mental (pensamientos  y emociones) durante la práctica, es la fuente de la ética pacífica y de no agresión del Aikido, generando al mismo tiempo marcialidad y libertad.

No es el “resultado” de la acción lo que definiría de forma absoluta la ética del aikidoka.

Por supuesto, la práctica de dos expertos aikidokas, nunca debería tener como resultado hacerse daño, y la visión será estética, equilibrada, fluida,natural…

Utilizando conceptos de la esgrima japonesa, y en concreto de la escuela de la “espada de la mente sin morada”, en el aikido, al igual que en esta escuela, el resultado de ai-nuke (donde el resultado final implica que no se dañan los contendientes) sería el resultado deseable y el que se alcanzaría entre expertos de la misma escuela.Este ideal se enfrentaba a la idea del ai-uchi (muerte mutua) , que se consideraba la actitud mental adecuada a la hora del enfrentamiento.

Pero como decía es la actitud mental del aikidoka, una actitud mental serena, vacua, sin intención de agresión o daño es lo que marca el comportamiento ético del aikidoka para mí.

Pero si el compañero de práctica, o el “atacante” entra en una actitud de resistencia, forzar, agredir, obligar…el resultado de la acción de aikido puede dañarle. Pero ese daño ocurrirá como si fuera un “suicidio” un “auto-dañarse”, ya que la actitud mental del aikidoka (con aikidoka estaría sobre todo refiriéndome al que ejecuta la técnica o el que ha alcanzado un alto nivel de comprensión de la vía) se mantiene vacua, “de escucha” de la acción ; liberando los bloqueos,creando vacíos, generando cambios de ritmo necesarios para “liberar” el proceso…

permitiendo así, la aparición de la técnica más natural o adecuada al proceso. 

La actitud de la que hablamos no entrará en lucha, ni forzará, ni chocará... 

La mayor comprensión del aikido por parte de los dos participantes irá generando acciones sin daño, incluso sin sentirse forzado. El trabajo del atacante estará también ejecutado desde una actitud de serenidad, de escucha del proceso, que aún siendo la parte atacante, le permitirá mantener un trabajo sostenible, fluido y móvil, donde la posibilidad de “derrota” no existe, y la de dañarse tampoco.

Resumiendo, no creo que la ética del aikido, una ética de respeto, protección y paz dependa del resultado de la acción, o de lo cómodo y protegido que se sienta el atacante. Establecerse como objetivo de la práctica el no dañar al otro, el no hacer fuerza, etc, crea muchas limitaciones a la hora de la acción. De hecho creo que limita la posibilidad de "ser", convirtiéndonos en “hacedores” llenos de una moral extraña, que en muchos casos nace de una importante soberbia, incluso inconsciente, que lo que tapa es nuestra verdadera incapacidad de volvernos uno con la acción a través de la escucha y la conexión que aporta el aiki.


Estas limitaciones se observan cuando altos grados sienten dificultades con practicantes noveles. Por supuesto no estoy planteando hacer las cosas sí o sí, pase lo que pase….Lo que estoy planteando es que la actitud mental y física tiene que ser una actitud de libertad, serenidad, y vacío, que nos llevará a convertirnos en parte del “proceso marcial”, dependendiendo en cada caso del rol, pero en definitiva, dejando de ser “ el que hace la técnica “, y pasando a convertirse en ella.

Ante esta actitud, el atacante irá observando qué necesita física y mentalmente para sentirse cada vez más, parte del proceso técnico, dejando de sufrirlo. Cuando esta actitud se va adquiriendo, siempre lo digo en clase :“el aikido te protege”.

De manera que el adquirir una actitud de serenidad y vacuidad en la práctica llenara de paz nuestros movimientos,pero no de falta de efectividad ni de libertad (creo que es lo mismo).

El que se acerque al encuentro con un aikidoka ,que haya desarrollado esta comprensión, con tensiones, reactividades, bloqueos, fuerza, se sentirá incómodo y podría incluso hacerse daño, aunque el daño, no será tan fácil que llegue, porque la actitud vacua y conectada del aikidoka, hará que al sentir los bloqueos y las tensiones del atacante, éste se unirá a ellos, liberándolos y no chocando ni forzando. Pero a veces, si la actitud del atacante continúa en la misma dirección, sí puede ser, que los propios movimiento de adaptación y liberación del aikidoka, acaben llevando su incomodidad, a una acción peligrosa para su integridad.

De todas formas desarrollar esta actitud mental, esta sensibilidad y capacidad física, es un trabajo difícil.

L.

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